Se potencian como Imán de Inversores los edificios inteligentes en Argentina
Se trata de construcciones que escapan a los estándares habituales y se hacen con la idea de alquilarlos como oficinas de lujo, a un valor de entre 32 y 35 dólares mensuales el metro cuadrado. Su impulso radica en una fuerte demanda, sumada a la imposibilidad de invertir en sus lugares de origen por parte de los desarrolladores internacionales.
La crisis financiera internacional, cuyo epicentro es el mercado hipotecario estadounidense y que impactó en el mundo vía un encarecimiento de los créditos, develó en Argentina un nicho impensado desde la recuperación del sector: la construcción de “edificios inteligentes“, también llamados de alta gama “AAA”.
Son construcciones con oficinas premium de pisos y semipisos, con 500 a mil metros cuadrados, que se alquilan en Capital Federal a un valor de entre 32 y 35 dólares el metro cuadrado por mes.
Estos desarrollos escapan a los estándares habituales, ya que implican un tipo de inversión especial, y el destino de las construcciones no apunta a la compra sino que se hacen con la idea de alquilarlos como oficinas de lujo.
La fuerte demanda por este tipo de inmuebles en la Argentina, sumada a la imposibilidad de invertir en sus países de origen por parte de los desarrolladores internacionales tras la crisis desatada en el sector hipotecario son el principal impulso para que estos grupos busquen fuera la posibilidad de encarar nuevos emprendimientos.
“Es un nicho no atendido que requiere otro tipo de inversión, más de largo plazo y más patrimonial”, explicó a Télam el presidente de la consultora Reporte Inmobiliario, José Rozados, quien aseguró que este tipo de emprendimientos “no se desarrolla con el objetivo de venderlos -donde el encarecimiento del crédito sí podría impactar en el negocio-, sino para locación”.
En ese sentido, Rozados afirmó que “los fondos internacionales son muy afectos a este tipo de inversiones: gustan de activos de renta y no de venta”, aunque no desestimó las inversiones que se están llevando a cabo “mediante capitales nacionales que mantenían en el exterior”.
Además de fondos propios, los inversores se valen de líneas de crédito en sus países de origen o salen al mercado de capitales, con lo que logran eludir la falta de crédito de largo plazo que aún existe en la Argentina.
Luis Dubiski, socio de Deloitte & Touche Corporate Finance, precisó que los inversores en busca de captar esa demanda insatisfecha -la vacancia pasó de 50% en 2003 a 98% hoy- provienen principalmente de Estados Unidos y España.
Lo cierto es que la inversión parece tener un fuerte sustento: según cifras del sector, el redimiento de este tipo de inciativas en el país duplican el obtenido por la misma operación en España.
El rendimiento a perpetuidad, medido como la renta de locación (numerador) sobre inversión total del proyecto (denominador), arroja un ratio de 10% en la Argentina contra 4,5% que se logra en la península ibérica.
El titular de la Cámara Inmobiliaria Argentina, Carlos Sotelo, relacionó la “estabilización de la economía” con la mayor demanda por “oficinas premium en edificios inteligentes”.
Sotelo confirmó que “otro fuerte impulso al sector lo dio la recuperación de los valores de locación que ya están entre los 25 y 30 dólares el metro cuadrado por mes”.
“Muchos de los emprendimientos que estamos viendo de inversores locales se realizan con dinero que tenían en el exterior. Es como una repatriación de capitales”, agregó el titular de la cámara inmobiliaria local.
De acuerdo a estimaciones de la entidad, 99% de los emprendimientos se hace de contado, con ahorros propios.
La crisis internacional, en ese sentido, vuelve a jugar en favor del sector en el país, ya que al ser inversiones de contado, con destino al alquiler, el riesgo de una burbuja inmobiliaria en el país es casi inexistente.