Argentina: Temor y codicia en el mercado inmobiliario
El mercado inmobiliario de los últimos años ha estado motorizado por los inversores. Pero hay que entender los alcances de esta cuestión cabalmente: no fueron los grandes fondos de inversión, los bancos extranjeros ni los gigantescos capitales del mundo los que impulsaron la actividad desarrolladora, que se materializó en un nivel que fue récord histórico de actividad.
Por el contrario, fueron miles de pequeños inversores locales quienes, motivados por el crecimiento de la economía, la recomposición de sus patrimonios e ingresos y la falta de alternativas de inversión, salieron a comprar departamentos.Fuente: reporteinmobiliario.com
Y lo hicieron mayoritariamente en preventas, en el pozo y no adquiriendo unidades terminadas, con objetivos muy claros: pretendían lograr un precio de entrada más bajo, pagar las unidades en cuotas y quizás también para acomodar su realidad a las limitaciones impositivas vigentes. Para ponerlo en blanco sobre negro, los millones de metros cuadrados que se han estado haciendo, en términos generales no vinieron a satisfacer una renovada vocación de la gente por vivir mejor ni por tener departamentos más modernos, sino que fueron producto de una fuerte propensión inversora hacia los ladrillos, francamente muy generalizada.
Los grandes avisos en los diarios, los pomposos departamentos modelo y las campañas mediáticas servían para construir un valor de venta final en la mente de los inversores. Los desarrolladores les decían: “vas a invertir cien mil dólares, por ejemplo, y vas a vender la unidad terminada a ciento cincuenta mil”. Como la campaña hablaba de ciento cincuenta mil, el argumento era verosímil, hubiera ventas reales o no.
Pero ahora nos encontramos con que el entorno macro en el que se tomaron esas decisiones de inversión, cambió. No solo porque los nuevos proyectos ya no son rentables, en tanto el costo de hacerlos es casi igual al precio de venta, ni porque se ha construido mucho y pareciera haber más vendedores que compradores de departamentos desde Puerto Madero hasta Palermo. Ni tampoco porque este año pre electoral hace que clásicamente se posterguen las decisiones en un entorno más incierto, en el que además la inflación es creciente. Todo ello está ocurriendo, pero además el contexto internacional ha cambiado.
La exuberancia de liquidez y bajas tasas de interés, que por más de una década reinaron en el mundo, ya no están, y la mecha de las hipotecas sub prime, que se encendió un mes atrás, hoy se esparce como una mancha de petróleo descontrolada que contamina desde el precio de los bonos argentinos, el valor de las propiedades en Estados Unidos e incluso el costo de las hipotecas en nuestro país, que casi desaparecieron por inaccesibles. Hasta está en tela de juicio si la propensión de la gente a invertir en real estate, aun hoy se sostiene.
Como es evidente que estamos hablando de inversores, y asumiendo que fue un aluvión de agentes de ese tipo los que inyectaron un tremendo nivel de actividad en el sector en los últimos años, ahora que el paradigma del mercado ha cambiado es necesario que, si queremos entender como va a seguir la película de la construcción, comprendamos cómo opera la psicología de los inversores.